viernes, diciembre 15, 2017

Hablar de Juha Kankkunen es hablar de una leyenda viviente de la competición y, más concretamente, del mundo de los rallyes. Sin duda uno de los protagonistas del Campeonato del Mundo de Rallyes en sus épocas más doradas, léase las décadas de los ochenta y noventa, su palmarés acredita el mito: nada menos que cuatro campeonatos del mundo en su haber en los años 1986, 1987, 1991 y 1993, así como 23 victorias y un total de 75 podios. Un nombre de leyenda que, a lo largo de tantos años, corrió con numerosos equipos y vehículos.

Precisamente en esta ocasión nos toca hablar de su garaje privado, un museo donde conviven decenas de coches de todas las épocas que marcaron una época en el mundo del automovilismo y de la competición. Muy pocas veces se puede ver algo así, de ahí que cobre más valor todavía si cabe. En esta especie de antológico museo que KKK ha montado en su propia casa se pueden ver la mayoría de los coches con los que hizo historia, así como otras muchas adquisiciones: sin ir más lejos, están presentes algún que otro Grupo B como el Peugeot 205 T16 Gr.B o el Ford RS200, un Toyota Celica Turbo Gr.A, su Lancia Delta Integrale del año 91 o varios Ferrari emblemáticos.

Muchos de estos coches, como los Lancia o los Toyota, fueron regalos del fabricante en agradecimiento a sus múltiples victorias y campeonatos con estas marcas en los rallyes, pero otros muchos fueron adquisiciones propias de Kankkunen, con el museo como destino. De la restauración y conservación de todas estas unidades únicas se encarga el propio piloto finlandés junto con Kari Mäkelä, un restaurador que trabaja con él. De ahí que este museo tan particular luzca tan bien, con sus cuadros inmortalizando momentos emblemáticos de la carrera de Juha, numerosos trofeos y los vehículos en perfecto estado de revista.

Entre los varios coches que Kankkunen guarda celosamente en este garaje reconvertido en museo, se encuentran seis Grupo B como el Lancia Delta S4, Audi Quattro o un par de Lancia Delta Integrale con la clásica decoración de Martini Racing. Pero hay mucho más: por ejemplo, una pequeña pero interesante colección de Fordque incluye el RS200, un Model A, un Lotus Cortina o un monoplaza Formula Ford con la inscripción “Mikka Hakkinen”. También Ferrari tiene una buena representación, con dos de sus coches más importantes de los ochenta como el 288 GTO y el F40, junto a un 512i BB.

Pero más interesante que la propia colección es que Kankkunen no la ha conseguido a golpe de talonario (al menos no de forma completa), sino que muchas de estas unidades tienen un historial victorioso en competición, siendo conducidas con sus propias manos. Por ejemplo, el Peugeot 205 T16 Evo 2, una verdadera bestia como buen Gr.B con sus 550 CV, es la misma unidad con la que consiguió la victoria en el Rally de Suecia ´86. De hecho, como el propio Kankkunen afirma, “pasar al año siguiente a los Gr.A era como si dieses un salto de la Fórmula 1 a un Fórmula Ford”, con coches mucho más domesticados.

El Ferrari 512 TR de 1991 que figura en su colección también tiene un origen muy curioso, y es que fue un regalo del propio Gianni Agnelli, patrón de Fiat por aquel entonces. Después de ganarlo todo con Lancia, Agnelli le hizo un regalo muy especial a Kankkunen: podría escoger el Ferrari que quisiese en agradecimiento. Bajo asombro de Agnelli, KKK escogió ese 512 TR y no un F40, el estandarte de la marca del cavallino en la época, ya que el 512 TR era “más cómodo de conducir en las calles de Mónaco”, ciudad en la que residía. Su Ferrari F40 vendría más tarde, comprándolo a un coleccionista sueco.

En 1993, tras ser campeón con Toyota, se quedó como premio con el Toyota Celica Turbo Gr.A con el que había corrido parte de la temporada, después de ser totalmente reconstruido en fábrica. Y, al igual que los Lancia Delta, está en estado totalmente original. ¿Os imagináis lo que podría valer hoy en día una unidad de estas, y más con el pedigrí en competición que tienen a sus espaldas? Sin embargo, para KKK todos estos coches tienen un gran valor sentimental, y no tiene su colección-museo con la intención de sacar rendimiento económico, sino como una herencia de valor incalculable tras toda una exitosa vida en los rallyes.

Otra de las unidades que resalta por su rareza es un Toyota Celica Gr.B de 1985, con propulsión trasera (a diferencia del 205 T16). Precisamente con este modelo comenzó a competir en el Mundial de Rallyes hasta 1985, si bien esta unidad fue traída desde Oriente Medio y restaurada completamente, partiendo de un estado original en condiciones muy deficientes. Además de todos estos coches, Kankkunen tiene una imponente colección de más de 900 modelos a escala, entre los que se encuentran todos los Ferrari construidos y todos aquellos coches con los que ha competido en alguna ocasión.

Kankkunen no ha abandonado del todo el mundo del automóvil, aunque sí la competición: recientemente lo hemos visto logrando un récord de velocidad sobre hielo con Bentley. Hoy, a sus 54 años, se dedica a otros negocios y a una vida más o menos anónima, aunque está claro que quien tuvo, retuvo.

Sobre su colección de automóviles, sobran las palabras y los adjetivos, porque cualquier cosa que pudiéramos decir se quedaría corta. No cabe duda de que Kankkunen sigue conservando toda su pasión por la competición y los coches. Si queréis ver más imágenes no os perdáis el reportaje exclusivo de Inside Line, que han tenido el privilegio de poder acceder a este museo e inmortalizarlo en una extensa galería de imágenes.

Fuente: diariomotor.com | Inside Line

 

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